Cobros con tarjeta y Bizum vs factura: conciliación bajo VeriFactu

Hay una confusión que se repite en comercios, hostelería y servicios: creer que el ticket del datáfono o la notificación de Bizum "ya documenta" la venta. No es así. Cobrar no es facturar. El recibo de la operación de tarjeta es un justificante del pago; la obligación fiscal de expedir factura —completa o simplificada— sigue intacta. Y desde que el reglamento de sistemas de facturación (RD 1007/2023) está en vigor para sociedades (1 de enero de 2026) y autónomos (1 de julio de 2026), esa factura debe nacer de un SIF conforme: registro de facturación encadenado, QR en el documento y, si trabajas en modo VeriFactu, remisión del registro a la AEAT en el momento de emitir.

Cada venta, su registro SIF — se cobre como se cobre

El medio de cobro es irrelevante para el SIF. Efectivo, tarjeta, Bizum, transferencia o pasarela online: cada venta genera su factura o factura simplificada con su registro de facturación y su QR. En la práctica esto significa:

El problema real: el banco liquida en neto, tú facturas en bruto

Aquí empieza el trabajo fino. Tú emites una factura de 100 €, pero el banco te abona 97,10 € porque descuenta la comisión del TPV. Multiplica eso por decenas de operaciones diarias, agrupadas en liquidaciones (a menudo un solo apunte bancario por día o por lote), y tienes el clásico rompecabezas de la conciliación:

La regla contable y fiscal es clara: el ingreso es el importe bruto facturado; la comisión del banco o de la pasarela es un gasto aparte (normalmente con su propia factura de la entidad, que además te interesa reclamar para deducirla). Nunca factures "lo que llegó al banco".

Propinas, comisiones y devoluciones

Tres casos que generan la mayoría de los errores:

Flujo recomendado para autónomos y pymes

1. Emitir siempre desde el SIF en el momento de la venta: factura simplificada con QR para el mostrador, factura completa cuando el cliente la pida o sea B2B. 2. Cierre diario: total facturado por medio de pago (efectivo/tarjeta/Bizum) según el software, frente al total del cierre del datáfono. 3. Casar liquidaciones: cuando llegue el abono bancario, desglosarlo en bruto + comisión y vincularlo con las facturas del día o lote correspondiente. 4. Excepciones a revisión: operaciones del TPV sin factura asociada (venta sin registrar: el fallo grave) o facturas sin cobro casado (impago o pendiente).

Automatizar la conciliación

Hacer esto a mano en Excel aguanta hasta que el volumen crece. Lo razonable es que tu software importe los movimientos bancarios (o se conecte al banco), reconozca las liquidaciones del TPV y de Bizum, las despiece en bruto y comisión, y las case automáticamente contra los registros de facturación, dejando solo las excepciones para revisión humana. Además de ahorrar horas, ese cuadre continuo es tu mejor defensa: si la AEAT contrasta los datos de las entidades de pago con tus registros VeriFactu, tú ya sabes que cuadran — porque lo compruebas cada día, no cada trimestre.

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